La idea de fragmentación siempre estuvo presente como base para el juego.
En un primer momento habíamos pensado en hacer categorías más abarcativas, incluyendo otros aspectos del saber general, como ser países, elementos químicos, cosas, etc, a modo de tutti frutti, planteando un objetivo dado en una tarjeta repartida al azar.
Esta modalidad no terminaba de resultar atractiva y tampoco teníamos clara su resolución objetual y visual.
Le “faltaba pimienta”, fue uno de los comentarios que nos dieron en la corrección, con lo que nosotras coincidíamos.
¿Cómo hacer para que el juego tuviera más gracia?
Pensamos en hacerlo más atractivo visualmente desde las imágenes, limitando las categorías de búsqueda al cuerpo humano, con la idea de formar el sujeto fragmentario y no dispersarnos en querer abarcar aspectos humanos en su forma total.
Hacer una síntesis nos ayudo a ordenar las pautas del juego y así poder pensar en su lógica de acción.
Pero seguía faltándole condimento al juego.
Para agregarle elementos de tensión al juego, pensamos en la posibilidad de que un jugador le robe cartas a otro -mediante la carta Mutiladora- y en plantear diferentes valores según las categorías y los fragmentos que éstas incluyan.
También se disputa el uso de los Comodines y la carta mayor –la única carta Corazón- que le da un valor agregado a quien la posea.
Probamos jugarlo de esta forma y nos parecieron interesantes los resultados amorfos que se iban logrando a medida que el juego avanzaba. También el hecho de que al robar una pieza un jugador pueda cambiar su suerte hacía al juego más intrigante.
Una vez que un participante logra terminar su sujeto con las categorías completas, se corta la ronda y se cuentan los puntajes.
Comienzo de una nueva ronda.
Sobre el soporte contenedor
Pensando en la idea de packaging se nos planteaban ciertas dudas sobre la estética que éste podría tener. El juego plantea una idea de caos visual que queríamos mantener en forma latente hasta el punto del desarrollo del juego.
Poner imágenes en el exterior funcionaría a modo de adelanto del juego y preferimos un soporte lo más neutro posible –una caja de madera- para contener todas las imágenes de las cartas.
Una caja de sorpresas, a modo de tesoro oculto en el fondo de algún lugar –así como el Aleph del cuento de Borges.
lunes, 3 de agosto de 2009
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